martes, 8 de abril de 2008

Beijing. Universidad de Beijing, Muralla China, Silk Market, Wanfujing. 21 de Enero 2008.

Despertamos a las 6 de la mañana. Amaneció nevando ese día. Nos duchamos, me tuve que vestir con mi único pantalón largo, el que llevaba por si teniamos alguna actividad formal. Luego fuimos a tomar nuestro primer desayuno chino. Podiamos elegir entre casi pura comida china: huevos, omelette, huevo con pan, huevo con cochayuyo, huevo frito, tocino, salchichas, brocoli, coliflor, algas, masa con "carne de rata" (le llamabamos así al no saber era), tallarines, porotos, etc. además de algunas cosas que nos pusieron por ser occidentales, como yogurt, café, leche, jugo, cereal, pan. Yo por supuesto, probé toda la comida china que pude.




Luego recorrimos el Hall del hotel, que era bacán, gigante y lleno de cosas bacanes. Tomamos nuevamente el bus y partimos a la Universidad de Beijing.

La Universidad de Beijing era penca, esperaba algo mejor pero sólo eran edificios, antiguos, no muy bonitos.. la Universidad de Concepción la supera en ese sentido. Fuimos a una charla de unos profesores chinos que hablaban español, y nos comentaron acerca de la historia de China y su actualidad. Luego respondieron nuestras preguntas.

A la salida, fui nuevamente a un baño chino, y luego puse a secar mis calcetines ya que se congelaba el sudor de mis pies.



Luego partimos a la Muralla China. En el camino vimos algunos de los estadios para los juegos olímpicos, Disney Beijing en construcción, y pasamos a una fábrica de porcelana, donde conocimos cómo es el proceso artesanal de fabricación, todo echo a mano. Además aprovechamos de almorzar.

Este fue nuestro primer almuerzo chino, que suele ser a las 12 del día. Nos dieron té y brindamos con sake, o alcohol de arroz, un brebaje exquisito de 56°, aunque a las mujeres no les gustó. Luego nos dieron una serie de platos: arroz, noodles, callampas, brocoli, etc. Probé de todo, pero sólo me gusto el sake. Me robé el que sobró en la mesa, y compre 2 unidades más, a $500 cada uno.


Cuando ibamos llegando a la Muralla China, en las montañas, podíamos ver pedazos de Muralla sobre la cima de los cerros, y la guía nos contó que la muralla fue construida durante varios periodos como pequeños fragmentos de muralla para proteger las ciudades. Más adelante, un emperado habría ordenado unir todos los pedazos para hacer una sola muralla gigante, de 7.000 Km de largo.
Teniamos 2 opciones: subir por un carrito hasta bien arriba de la muralla, o subir caminando. Decidimos caminar. En la entrada había un anuncio del lema de los juegos olímpicos de Beijing "One World, One Dream".



Durante la subida, al igual que en la plaza Tiananmen los chinos nos perseguían ofreciéndonos sus productos, tenía que ignorarlos, sin siquiera mirarlos a los ojos para poder evitarlos. Unos monjes tibetanos rechazaron fotografiarse con Lavín y nos sacamos otra foto grupal.




Más arriba, llegamos a un negocio donde vendían bebidas, que se congelaban con la temperatura ambiente. Un chino vendía medallas en las cuales escribía tu nombre, y uno de sus rivales le tiró nieve desde más arriba, todos sus amigos chinos y los turistas se reían de él mientras el chino miraba hacia arriba echando la foca.




Después de eso bajamos para tomar nuevamente el bus rumbo a Beijing. Durante este paseo constantemente me tomaba sorbos de sake para mantenerme en calor.

Ibamos a volver al Silk Market, pero yo y el Carlos ya estabamos satisfechos con nuestras compras, así que decidimos darnos unas vueltas por alrededor, estuvimos en la construcción de un rascacielos, luego en una pobla con una feria, estuvimos perdidos por un tiempo, unas chinas trataron de hacer amistad con nosotros, encontramos el camino de vuelta, y cruzamos al mall frente al Silk Market, un mall cuico, donde todo era caro y original, y que consistía en 2 torres gemelas con una parte central. Fuimos a un supermercado chino, donde sólo vendían productos envasados, no tenían pan, carne ni vegetales. Me tomé una cerveza china asquerosa, con sabor a arroz, y partimos al bus que nos esperaba.

Luego, teníamos que ir al Centro Cervantes, una institución que promovía el uso del español entre los chinos, y donde estaban presentando un ciclo de cine chileno: estando en Beijing ibamos a tener que ver Subterra. La excusa era que haciendo cosas como esas después nos daban almuerzos gratis y otros privilegios. Al final solo conversamos con el embajador un rato y de ahi nos fuimos.




Luego nos ofrecieron pasar a Wanfujing, donde ibamos a conocer uno de los paseos comerciales más grandes de China, lleno de marcas top, y donde también ibamos a poder probar la comida asquerosa, uno de nuestros objetivos para el viaje. El paseo peatonal comenzaba con una pantalla gigante del tamaño de una piscina olímpica.

Nos bajamos yo, Carlos y Gonzalo Guzmán (Frankfurt) y empezamos a recorrer. Nos metimos a una tienda de Giordano, donde vendían ropa cara y de gay. Seguimos caminando hasta llegar a la calle de las comidas asquerosas. Primero nos dimos una vuelta para cachar que productos se vendían, y en la segunda vuelta decidimos probar.
Comimos: calamares, camarones, ligamentos, gusanos de la seda (duros por fuera, harinosos por dentro, lo más malo), caballo de mar y saltamonte (buenos, crujientes) y escorpiones, que yo no pude probar porque unos instantes antes, empece a sentir una picazón en todo mi cuerpo, y me llené de ronchas. Tuve que tomarme 2 antihistamínicos y unos sorbos de sake pa desinfectar mi estómago. Después me dio asma y tenía que contrarrestarla con salbutamol. Sólo llegando al hotel estaría 100% recuperado.






































Luego fuimos a una tienda donde vendían productos tradicionales chinos, como sake, galletas de la fortuna y otras weas. Gonzalo se burlaría de los chinos (video) y el Carlos compraría un mono que bailaba con música (video).







Después fuimos a comer pollo picante a McDonalds, y luego tomamos un taxi para ir al hotel. Esta vez los taxistas tratarían de estafarnos, diciendo que era más caro por la hora, pero finalmente obtuvimos un precio razonable, aunque más caro de lo normal.

Agotados nuevamente, llegamos a dormir al hotel, ya que al día siguiente deberiamos despertarnos a las 4 de la mañana.

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